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Sendai: Conferencia Mundial para Prevenir Desastres

Sendai

“Nosotros, jefes de los Estados y Gobiernos, ministros y delegados participantes en la Tercera Conferencia Mundial de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres decimos al mundo…”.  Así inicia la Declaración Política de Sendai, prefectura de Miyagi al este del Japón en la que se establece un nuevo Marco para la reducción del Riesgo de Desastres para los próximos 15 años. Esta Conferencia es la continuación de la realizada en Hyogo (2005), también Japón, en la que se estableció un Marco por diez años que pretendía “la reducción considerable de las pérdidas ocasionadas por los desastres, tanto las vidas como las de bienes sociales, económicos y ambientales de las comunidades y los países”, es decir generar resiliencia en la población.  Este Marco de acción establecido en la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD) ofrece un medio para la cooperación entre los gobiernos, las organizaciones y los actores de la sociedad civil para ofrecer asistencia en la implementación de las medidas para reducir desastres, es decir, generar planes de prevención eficaces. El Nuevo Marco (2015 – 2030) impulsa con mayor energía la participación de la Sociedad Civil en la toma de decisiones, resaltando la necesidad del cumplimiento de todos los derechos humanos en la planeación, prevención e intervención en los desastres.

Esta serie de conferencias están dirigidas a que los países del mundo, sus gobiernos y la sociedad civil organizada adopten medidas para reducir el riesgo de desastres a través de  “esfuerzos sistemáticos dirigidos al análisis y a la gestión de los factores causales de los desastres, lo que incluye la reducción del grado de exposición a las amenazas, la disminución de la vulnerabilidad de la población y la propiedad, una gestión sensata de los suelos y del medio ambiente, y el mejoramiento de la preparación ante los eventos adversos”.

La Conferencia se desarrolló en el contexto del 4º aniversario del desastre nuclear en Fukushima donde cientos de miles de japoneses fueron víctimas.  Cabe recordar que el desastre del 11 de marzo de 2011 fue consecuencia de errores humanos, falta de previsión y acciones naturales tales como un terremoto de 9 grados y un consecuente tsunami. Miles de personas perdieron la vida inmediatamente como consecuencia de los factores naturales, pero los daños se agravaron por la explosión del reactor nuclear Uno de la planta de Fukushima Daiichi. Así, al desastre ocasionado fundamentalmente por el tsunami se unió al de las gravísimas consecuencias por la radioactividad que se difundió de manera caprichosa en una vasta región del Este del Japón.  En un primer momento cientos de miles de japoneses tuvieron que ser evacuados, de las cuales 120 mil permanecen hoy en día en la diáspora y muy probablemente jamás regresen a sus hogares. El gobierno central japonés, junto con los dueños de la Tokyo Electric Power Company (TEPCO), mintieron por días al pueblo y a los afectados directos de los verdaderos niveles de radioactividad y del consecuente peligro en el que se encontraban.  El desastre del Reactor de Fukushima Daiichi puso al descubierto las mentiras del “lobby nuclear” sobre los peligros que representa el manejo de la energía atómica, sea para la guerra como la producción de energía eléctrica.  El “lobby Nuclear” está compuesto por las grandes compañías que venden la tecnología nuclear, por financieras poderosísimas en el mundo y por políticos que se dedican a hacer propaganda y a mentir sobre los efectos del uso de esta energía.  La indignación y furia que causó en el pueblo japonés las mentiras del lobby nuclear, y las movilizaciones en contra de esta manera de producir energía, forzó al gobierno central de Japón a cerrar todas sus 48 plantas nucleares. “Temporalmente” dicen los entusiastas de la energía del átomo.

En la zona de restricción solamente se entra con un permiso especial y por un máximo de dos horas. Ahí, a unos cuatro kilómetros de la Fukushima Daiichi pudimos constatar cómo los liquidadores (palabra usada para definir a los limpiadores del desastre de Chernovil) hacen su labor de “limpieza” en condiciones de altísimo riesgo, sin protecciones especiales y trabajando horas enteras expuestos a la radioactividad.  Los liquidadores acumulan la basura radioactiva en bolsas negras que muy pronto serán incineradas en un super-quemador a unos pasos del Océano Pacífico.
Entre los desplazados por el desastre nuclear hay testimonios desgarradores: gente del campo acostumbrada a los espacios abiertos llevan cuatro años hacinados en contenedores acondicionados como habitaciones esperando permisos para regresar a sus hogares.  Las historias son dolorosísimas, como todas las que cuentan el desarraigo forzado por desastres. Sin embargo, a las de Fukushima se le aúna el hecho de que la gente ha sido expuesta a la radioactividad y probablemente un alto porcentaje de ellos muera como consecuencia de los altos índices absorbidos.  Hay casos que la incertidumbre, el dolor y el abandono genera depresiones entre los desplazados y se dan situaciones desoladoras de suicidios.

En tanto, en la Conferencia para Reducir los Riesgos de Desastres miles de personas de todo el mundo empujaron para que las autoridades del mundo y las grandes corporaciones adopten estándares éticos y derechos humanos con los que se conduzcan en su hacer y quehacer.  Para el caso específico de los riesgos nucleares las organizaciones presentes en Sendai, como el Peace Boat, Japan NGO Center for International Cooperation y la Fukushima Beacon for Global Citizens Network, exigieron que se coloque por encima de la producción de energía, el derecho a la salud y el derecho humano a la no exposición de radioactividad.  En general, para todos los casos, las organizaciones de la sociedad civil exigieron privilegiar el “derecho a la verdad” – el derecho a saber qué pasa – por encima de los intereses de los corporativos o de la imagen de los Estados.

Miles de personas se dieron cita en Sendai tanto para conocer los nuevos mapas de riesgo que se elaboran como consecuencia del cambio climático, como para exponer los graves riesgos a los que son sometidos los desplazados forzados por los desastres, particularmente los sufrimientos que se acentúan en las mujeres y los niños.  Los expertos, los miembros de las corporaciones de Protección Civil del mundo coincidieron como siempre en las ventajas que representa la prevención de desastres antes que lamentarse de las pérdidas ocasionadas por terremotos, huracanes y tifones cada vez más devastadores.

La resiliencia es una palabra clave para la prevención, pues genera poblaciones conocedoras de los daños que pueden ocurrir y las acciones a realizar en caso de proximidad de catástrofes.  Pueblos resilientes son aquellos capaces de resistir con creatividad y energía a los desastres, convirtiéndose en actores de su reconstrucción y no en víctimas indefensas y manipulables de los acontecimientos. Ante los cambios climáticos, fruto de la mano del hombre, que se avecinan, es indispensable tomar medidas radicales no sólo para ser resilientes, sino para cambiar el curso del así llamado “desarrollo”.

Muchos países han tomado muy en serio las lecciones aprendidas de los desastres de otros países.  Por ejemplo Alemania, aprendió de Chernovil y sobre todo de Fukushima y está apagando todas sus plantas nucleares. Ya lleva 27 reactores en 18 plantas en “permanent shutdown” y pronto apagará definitivamente las 9 plantas que le quedan.   Alemania en los últimos años ha cambiado radicalmente la manera de producir energía eléctrica, incorporando para su producción las solares y eólicas, todas ellas renovables. Italia apagó ya sus 4 reactores que tenía. Gran Bretaña ha apagado 29 reactores y está pronta a apagar los 14 que le restan. Otros países más débiles, serviles al lobby nuclear, empiezan a construir sus plantas nucleares o siguen con su proyecto de energía altamente riesgosa, como Bangladesh, Argentina, Brasil, Turquía, China, Rusia, Corea del Sur, Ucrania! – donde está Chernovil sepultada –, o Bielorrusia –que sufrió la nube radioactiva más catastrófica de la historia nuclear–.

Vale decir para concluir que México tiene una planta nuclear con dos reactores y desde hace más de 10 años no se actualiza el plan de contingencia en caso de desastre nuclear (PARE).  Según el Índice mundial que mide los riesgos de desastre México ocupa el lugar 60 de los 190 calificados.  El número uno es Somalia, Sierra Leona ocupa el lugar 61, Malawi el 62, Swazilandia el 63 (cf. http://www.helpage.org/what-we-do/climate-change/disaster-risk-and-age-index/ ).  El país mejor posicionado es Malta en la posición 190, con altos estándares de prevención de desastres.

Pablo Romo Cedano

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